La gran banda vizcaína de ska jamaicano llenó el Kafe Antzokia en su cumpleaños, un fiestón con un miniconcierto de La Otxoa incrustado

Dos grandes sorpresas hubo el viernes en el Kafe Antzokia con las entradas agotadas durante la celebración de los 25 años de andadura de la banda vizcaína de sonidos jamaiquinos Akatz. Dos sorpresas que vincularon la tradición vasca con las señas contemporáneas autóctonas, por cierto: el show se abrió con un dantzari bailando el aurresku al son del txistu y tamboril (lo barruntamos y acertamos: no se aplaudiría con tanta intensidad a lo largo de la velada) y por el epílogo empotró un miniconcierto de La Otxoa, que cantó tres temas con Akatz de backing band (y con su vocalista Bati como corista de lujo), una Otxoa que acusó a la audiencia de haberla confundido con Alaska. Y, vaya, hubo una tercera sorpresa, pero ésta para los ya iniciados más avispados: la banda actuó en octeto, no en el noneto oficial anunciado y prometido en los carteles, pero es que uno de los dos guitarristas, Jorge Álvaro, no pudo asistir.

El vigesimoquinto cumpleaños de Akatz, que se juntaron en Bakio en 1992, fue una fiesta por todo lo alto, con el Antzoki a tope (más de 555 personas ya habría, bastante jóvenes y de ambos sexos), una velada que empezó con media hora de demora y que sufrió alguna necesaria interrupción (cambios, presentación de invitados –ex miembros de la banda, tres raperos, La Otxoa que devino la gran protagonista en su tramo-, el parón en el ecuador para repartir tarta y cava por el atestado patio….) a lo largo de las 22 piezas que sonaron en dos horas y cuarto (136 minutos). La gente se lo pasó genial, al principio le costó acceder porque había problemas con el comprobador digital de las entradas (bajo la lluvia se formaron dos colas: una para comprar tiquets en taquilla y otra más larga para entrar) y nada más pisar la madera del Antzoki la mayoría se agolpaba en las barras (como nosotros, no es una crítica moral).

¿Y qué hizo todo este gentío en este cumpleaños? Pues coger sitio, alucinar con el aurresku ancestral del prólogo, corear eufórica en el primer instrumental (titulado ‘Aurreská’), disfrutar visualmente de la banda (los siete músicos estaban uniformados con trajes, pero lucían diferentes tocados: txapela, gorrillas y sombreros), recibir con una ovación al vocalista Bita (apareció por una imprevista esquina, gozoso como Nacho de Felipe, de Oskorri, vestido con chistera y pajarita, cual maestro de ceremonias cabaretero), bailar al son de la música (‘Predispuesto ska’), contonearse con el tórrido tumbao ska (‘Skandalo’, con guiño al ‘A message to you, Rudy’ y con Bita brincando), atender a las introducciones del vocalista Bita, filmar con sus móviles (‘Black Or White’, una versión de Michael Jackson incluida en su nuevo vinilo, ‘A Go Go 2’, del que tocaron los seis cortes este viernes), tragar tarta y libar cava, corear alguna letra más (el standard de Cannonball Adderley ‘Work Song’, o sea ‘La canción del trabajo’, el primer ska grabado en España, ¡el primero grabado en castellano en todo el mundo!, ¿y saben quién lo hizo?, ¡Raphael en 1966!, emerger entre el humo artificial de ciencia ficción emitido desde el escenario (la narcótica ‘Paga lo que me debes’), enloquecer (‘Esa chica’… me va a destrozar, el primer cenit de la cita, con Bita en plan soulman desatado y dolido), hacer surf (o sea tumbarse por encima de las cabezas del público, y así vimos a una chavala en ‘No te conviene’), volver a enloquecer tras el mutis del transformista bilbaíno (‘Luces’, con la banda yendo al grano y Bita inspiradísimo en el segundo otro culmen de la velada), corear aaahhhh (‘No eres buena’) y negar con el brazo en alto (la noctívaga ‘A casa no voy’) antes de las largas ovaciones de despedida. Esto que hemos glosado se podrá comprobar con imágenes, pues Akatz filmaron el concierto de modo profesional, con cañón de luz y todo.

FUENTE: EL CORREO