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Entre
el cabo de Matxitxako y el pueblo
de Bakio existe un lugar en el
que la tierra
y el mar llevan años entablando
pequeñas batallas en las
que el mar muestra su poderío
en cuevas y arcos erosionando
areniscas y otros materiales blandos
y la tierra vence
dejando islotes de duras calizas
arrecifales a lo largo de este
tram o
de litoral. Este
modelo de erosión dibuja
un paisaje de belleza única,
lo cual unido al interés
natural e histórico de
la zona han hecho merecer a ésta
la nominación de Biotopo
Protegido.En el centro
del biotopo se encuentran las
islas de San Juan de Gaztelugatxe
y Aketze, la primera unida a tierra
por un puente de piedra. Sin embargo
Aketze se mantiene aislada, de
ahí que sea un santuario
de aves. En este islote rocoso
crían más de 200
parejas de paíño
común, cormoranes moñudos,
gaviotas patiamarillas y palomas
bravías. En tierra firme
se dibujan escarpados acantilados
con una vegetación adaptada
a la sal. Algo más arri ba
nos encontramos con brezos, argomas
y helechos y alguna que otra encina
y viñedos de txakoli de
los caseríos más
cercanos. Dentro de la línea
de aguas interiores y a lo largo
de todo este tramo de costa se
incluye la primera reserva marina
en un Biotopo Protegido.
La alta calidad de sus aguas,
transparentes, bien oxigenadas
y sin presencia de aportes industriales
y urbanos, ya que no existen ríos
importantes en las cercanías,
favorece la biodiversidad.
Sobre los fondos marinos, dominantemente
rocosos, se asientan algas de
gran porte las cuales constituyen
un buen lugar para el alevinaje
de peces: lubinas, fanecas, chicharros
e incluso grandes predadores como
el congrio o la morena. A
menor profundidad encuentran refugio
babosas, carraspios y julias además
de muchos invertebrados como actinias,
erizos, holoturias, pulpos, nécoras
y centollos.
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